Sebastian Vettel se convirtió ayer en el campeón del mundo más joven de la historia. La carrera fue una pesadilla para los dos máximos aspirantes al título, Fernando Alonso y Mark Webber, que pagaron muy caro la opción de cambiar demasiado pronto sus ruedas. Quedaron encerrados en medio del pelotón y fueron incapaces de superar a coches en teoría menos eficaces pero que disponían de una buena arma defensiva: mayor velocidad punta.
Alonso lo vio ya mal cuando desde el box, en la vuelta 21, le dijeron: “Debes adelantar a Petrov ya. ¡Es crítico!”. No lo conseguiría. El ruso se defendió con uñas y dientas, con una agresividad que no había tenido nunca. La impotencia de Alonso se plasmó en las bastantes ‘excursiones’ que realizó fuera de pista (aquí, el salirse en las grandes frenadas apenas tiene importancia) y el gesto gratuito que tuvo con Petrov al finalizar la carrera, recriminándole el tapón que había hecho. En Ferrari lo vieron perdido en la vuelta 40 cuando le dijeron: “Usa todo el talento para sacar esto adelante”. Alonso diría al final que “no di el título por perdido hasta que vi en la pantalla gigante que Vettel cruzaba la meta. Hasta entonces pensé que podía rompérsele algo”, recordando el GP de Corea.

El británico confesó que después de la última salida del coche de seguridad, tras el accidente de Fernando Alonso, deseó “que siguiera en pista lo máximo posible”.
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